miércoles

Bautismo de fuego


Las primeras operaciones de guerra de la Iª Bandera Paracaidista.

Al escribir este artículo, se ha prescindido de citar nombres del personal que intervino en las operaciones, tampoco se citan efectivos, ni calidad ni cantidad de medios, por razones fáciles de comprender y que no son necesarias especificar.

Preámbulo.- El 23 de Noviembre de 1957, el llamado Ejército de Liberación marroquí, sin previas declaración de guerra y alevosamente se infiltró dentro del Territorio de Ifni y durante la noche atacó los puestos aislados, destruyendo las comunicaciones con Sidi-Ifni; pretendió asimismo atacar y ocupar Sidi-Ifni, pero las fuerzas de la capital lograron dominar la situación y el enemigo fracasó en su intento.

La mayoría de los puestos aislados resistieron valerosamente al ataque inicial y a pequeños ataques posteriores, pero quedaron sitiados.
La situación en estos puestos al prolongarse el asedio, se iba haciendo crítica, los abastecimientos por tierra eran imposibles y por vía aérea requerían una precisión difícil de conseguir bajo el fuego enemigo, más que nada, por el pequeño espacio en que las posiciones sitiadas podían desenvolverse, sin sufrir el fuego directo de las armas enemigas.
Se imponía por ello, el realizar diversas operaciones para proceder a la liberación de los puestos sitiados.
El Estado Mayor estudió a fondo el problema y creó un Plan de Operaciones, a cargo de varias Columnas, que actuando con independencia, tenían como misión principal, la liberación de los puestos sitiados y como secundaria el mutuo apoyo en caso necesario.

Como en esta ocasión se trata de relatar el Hecho Histórico, de la primera situación de guerra de la PRIMERA BANDERA PARACAIDISTA DEL E.T. , nos limitaremos exclusivamente, a exponer la operación a cargo de ella y su posterior empleo, como refuerzo a otra Columna.

Para evitar el falseamiento de un Hecho Histórico, en el cual si se pretendiera “novelarlo” podríamos incurrir en pedantería o lo que es peor, en desvirtuar la verdad, nos hemos limitado a exponerlo por orden cronológico y en literatura típica castrense DEL DIARIO DE OPERACIONES.

lunes

19 de febrero de 1958


AQUEL HISTORICO SALTO DE GUERRA EN ERKUNT

Por José Luís González Vicente.

Excombatiente en Ifni, medalla campaña, salto de guerra en Erkunt

(19 de febrero de 2018. Hoy se cumplen 60 años)

“Aquel día 19 de febrero de 1958, amaneció radiante y tranquilo, ¡menos mal..! pues, solo faltaba que el viendo del desierto, el Siroco, se hubiera adueñado del ambiente y nos dejase a todos metidos en casita”.
“Nadie,  salvo el mando, sabía que se avecinaba una acción de guerra paracaidista, que los del curso 12º y los demás, claro, no olvidaríamos nunca”.

“El destino nos tenía preparada una sorpresa que si bien a todos nos satisfacía  dada nuestra vocación paracaidista, la misma estaría cubierta de dolor y muerte, pues, algunos compañeros de la 2ª Bandera que andaban por la zona de Erkunt, batiéndose el cobre, nunca volverían vivos”.
 Estábamos en los comienzos del año 1958. Un buen grupo de jóvenes paracaidistas de entre 20 y 22 años sobre todo del curso 12º, ( Yo tenía 21..),

Acto de la conferencia del veterano José Luís González  Vicente sobre el salto sobre Erkúnt.

Ya sabíamos lo que era que las balas te silbasen por encima de la cabeza rompiendo ramitas y perdiéndose en la lejanía. También como los sanitarios retiraban herido a algún compañero.

Pero sobre todo, sabíamos de como muchos compañeros de otras compañías y de la 2ª Bandera, habían muerto en combate.  Eso era lo peor.

Los episodios de Ortiz de Zarate en Telata, las operaciones PAÑUELO, NETOL, GENTO, DIANA, SIROCO, nos habían dado un tinte de veteranos paracaidistas de verdad, pero ...

Sin embargo, nunca habíamos realizado una operación netamente paracaidista, propia de nuestra especialización. Somos de Infantería, pero...nos acercamos al combate en avión y saltamos en paracaídas sobre el enemigo.
No obstante, algo iba a cambiar.

Objetivo del salto.

Según las explicaciones del Capitán Pedrosa a sus oficiales y jefes de pelotón, tendríamos como objetivo ocupar y destruir un presunto puesto de mando y abastecimiento que tenía el enemigo en una cabila denominada ERKUNT, a unos 30 kilómetros al norte de Sidi Ifni.

El día 19 de febrero de 1958, estábamos muy tranquilos en el barracón que hacía de compañía, cuando, no me acuerdo si fue a base de generala o a “grito pelao”, nos hicieron formar a toda leche con equipo de combate y bajar al campo de aviación que estaba y está al lado de la base paracaidista y formar al lado de los junkers que allí estaban aparcados.
A esperar tocan.

El capitán Pedrosa, cambiaba impresiones con sus tenientes, de la acción que se iba a realizar.

Al mando de la Primera Sección , (a la cual yo pertenecía), Ricardo Boñita Benito.
De la Segunda Sección : Teniente D. José Galera Sánchez Serrano.
De la Tercera Sección Teniente Pablo Cayuela Fernández.
El entones Teniente de la Sección de ametralladoras D. Juan Antón Ordoñez.

PRIMERA SUSPENSION DEL SALTO.
Sin embargo.... se nos da la orden de subir de nuevo al campamento ya que el salto se ha suspendido.

SEGUNDA SUSPENSION DEL SALTO.
Estábamos metiditos en el barracón-compañía, más nerviosos que un flan, cuando de repente otra vez se nos manda formar con el equipo de combate, y volvemos a bajar al campo de aviación donde siguen los Junkers de antes.
Nos colocamos sentados en el suelo, al lado de los paracaídas que alguien había colocado en filas, y a esperar acontecimientos.
Pero la “jugada” se repite. Nos dicen que de nuevo se ha suspendido el salto, volvemos arriba al campamento echando pestes por la desilusión.

¿POR QUÉ SE SUSPENDIA EL SALTO ?
La operación Pegaso tenía por objeto, según el Mando, realizar un acto de presencia en Tabercut, reconocer el territorio y poblados, eliminar las fuerzas enemigas que pudiera haber y posteriormente volver a Sidi-Ifni.
Todo bonito, todo fácil, esto esta chupao...
Para ello, el Mando organizó dos agrupaciones tácticas:
Estas eran las agrupaciones tácticas:
Pero...........de chupao nada de nada.
Los moros estaban ofreciendo una resistencia muy fuerte a la Segunda Bandera y a la Legión, en el lugar donde se llevan a cabo los combates, (cotas 345, 453, 449, 435 y otras.. ), habiendo tenido ya varios muertos y heridos, por lo que el Mando decidió no lanzarnos en Erkun, zona alejada de Tabercut, no sea que seamos copados por el enemigo y nos hagan alguna sangría y nos dejen en cuadro.

LOS QUE SE HABIAN “ESCAPADO DEL HOSPITAL”.

EJEMPLO DE HONOR PARACAIDISTA.

Al enterarse en el Hospital Militar de Ifni que se iba a realizar un salto de guerra, los heridos paracas, mancos, cojos y tullidos dieron un salto de la cama y pidieron el alta.

¡Milagro! Los cojos andan, los ciegos, ven. Los sordos, oyen..... ! La leche !.
Algunos se escaparon y dijeron a sus superiores que les habían dado ya de alta.
Después de la acción, tuvieron que volver al hospital, porque verdaderamente, estaban mal.
Al del parche en el ojo le había explotado una granada PO2 nada más soltarla.

A COMER SE HA DICHO.
Como la cosa no pintaba muy bien y no se sabía si por fin seriamos lanzados o no, nos fue dada la orden pasar “al comedor”, a coger fuerzas para el evento.

Cuando tocaban fajina, fuese para el desayuno, comida, incluso merienda y cena, salíamos generalmente de las tiendas de campaña, provistos del plato de aluminio, la marmita (fondo de la cantimplora) y los cubiertos, y bajábamos a formar en varias filas al cargo de un cabo, según se llegaba a las puertas de las cocinas.
El cabo furriel repartía el pan de unos sacos que no sé si subían del pueblo.
Allí no había donde sentarse, que yo recuerde, y cada cual volvía a su jaima con las vituallas correspondientes y allí se daba buena cuenta de ellas, o nos sentábamos en el puto suelo, cerca del lavadero de ropa. Luego cada cual se ocupaba de lavar la marmita o el plato.
También recuerdo, que en la cantina vendían unos botes de mortadela y de leche condensada con lo que algunos se alimentaban frecuentemente para no bajar a las colas frente a las cocinas según fuese para el desayuno o la merienda. Las latas de leche condensada las calentábamos al fuego de la paja de las colchonetas para que se pusieran más densas para untarlas en los chuscos de pan.

Algunas veces, como había más dinero que viandas, para completar las disponibilidades económicas (decían), nos daban un paquete de tabaco rubio en las comidas.

LOS ENCHUFADOS.

Los oficiales comían en sus tiendas y los machacas se ocupaban de subirles las comidas desde las cocinas.

Los ranchos en frío eran a base de chuscos, latas de sardinas, chocolate y de carne guisada del matadero de Mérida, las repartían los ayudantes del cabo furriel de turno.
Alguna vez caía algún chocolate con churros.

¡Que os aproveche esta lección de la comida paracaidista en Ifni !

Y YA POR FIN...........TRECE JUNKERS DESPEGAN DE IFNI.



Por fin, sobre las dos de la tarde del mencionado día 19 de febrero de 1958, embarcábamos en los 13 Junkers la Primera Compañía y la 5ª que era la Sección de ametralladoras.
Como “ Observadores “ venían en otro avión El Teniente-Coronel Jefe de la Agrupación D. Ignacio Crespo del Castillo, el Capitán de Estado Mayor D. Juan Antonio Gómez-Zamalloa Menéndez, y un periodista inglés que iba a cubrir la información.

PELIGRO DE CAER AL MAR.

El lugar del lanzamiento se encontraba cerca del mar, así que si al viento le daba por cambiar (cosa frecuente por aquellos andurriales), al agua patos.

Pues yo no sé nadar bien....., yo tampoco....

Se le preguntó a la Marina qué ayuda podría prestar en este caso. La respuesta fue correctísima y veraz para aquellos tiempos. NO HAY SALVAVIDAS, ASÍ QUE AYUDA MORAL TODA, AYUDA MATERIAL NINGUNA:

¡ Toma YA................!

Pasando unos minutos de las 3 de la tarde, salta al aire el primer paracaidista. Quién se apunta a ese honor ?. No hace falta preguntarlo. ¡ EL CAPITAN PEDROSA ¡ Los demás detrás, como un solo hombre, cada uno del Junker que le ha tocado en suerte, claro.
El Capitán Pedrosa salta el primero. Después, todos en el aire.

Cuando el cielo se llena de puntos, la tripulación de los navíos de guerra que apoyan la acción, saludan con gritos, aplausos y vivas el salto de los paracaidistas. Sus cañones desvían el fuego sobre las alturas que dominan la amplia hoyada, en cuyo fondo está Erkúm.

Momentos después, la 3ª compañía enlaza con los que han venido del cielo. Atrás y a la derecha, formando un amplio arco, están los hombres de la Agrupación “M”, los paracaidistas y los legionarios. La tenaza se ha cerrado. (Ha costado tres muertos en la II bandera y numerosos heridos, entre ellos el capitán Ponciano Fernández. La VI Bandera de la Legión ha tenido peor suerte).



SENSACIONES EN EL AIRE EN EL LANZAMIENTO.
Al abrirse los paracaídas, pudimos observar y oír un gran ruido de ametralladoras allá en el suelo, que nos acojonó durante unos minutos; yo pensaba que los moros nos estaban disparando desde el suelo, pero no, eran nuestros aviones de caza que protegían el lanzamiento en vuelo rasante. También los aviones de bombardeo lanzaban su carga sobre las posiciones enemigas allá a lo lejos de donde habíamos tomado tierra.

Fuera como fuese, el lanzamiento fue de lo más entretenido y acojonante.
Algunos caímos encima de chumberas de dos metros de alto, con cada pincho de puta madre que se nos clavaron en salva sea la parte. Otros cayeron encima de alguna “casa” de los moros, ROMPIENDOSE LOS DIENTES, ( Lusilla ), en fin, una aventura cojonuda. SIN NOVEDAD MI CAPITAN.

Comenzamos el avance sin dilación, atravesando la cabila de Erkun, donde no encontramos resistencia, solamente había mujeres y niños, y rápidamente ocupamos las posiciones que nos había encomendado. No habían pasado ni diez minutos desde que nos lanzamos en paracaídas.

Al ocupar nuestras posiciones, algún grupito de enemigos quiso hacernos frente, pero fueron eliminados por la sección de ametralladoras que nos acompañaba.
También pudimos observar como a una distancia considerable, se libraban serios combates entre la Legión, la II Bandera de Paracaidistas y los Tiradores de Ifni y los moros, donde por desgracia ya nos habían causado varios muertos y heridos, pero............

A ENEMIGO QUE HUYE, PUENTE DE PLATA.
El enemigo, al verse atrapado entre dos fuegos y al observar el salto paracaidista, comenzó una apresurada retirada con los escasos medios que disponía (camellos, algún vehículo, a pie), no hay que olvidar que a escasa distancia se encontraba la frontera con Marruecos, donde se refugiaban sin problemas, con lo cual se acabó el combate. Es decir, nuestro salto permitió vencer la resistencia enemiga y fue el principio del fin de la guerra.

Por la tarde, abandonamos la zona de Erkun volviendo en camiones a Sidi Ifni, llegando sobre las 12 de la noche.
Pero no todo había sido bonito. Si bien es cierto que para la Primera Bandera, curso 12 sobre todo, había sido una aventura paracaidista enorme, para la Segunda Bandera había sido una desgracia, sacrificio y dolor por los compañeros perdidos en combate.

MUERTOS:
Cabos: Pedro González Jordin.
José González Hortiguela
Clp. Fancisco Mestre Monteagudo.
Todos de la 6ª Cia.
Heridos:
Teniente Ponciano Fernández Fernández
Clps: Bernando Hernández Nodrid
Manuel Martínez Gómez,
Juan Moreno Gómez
Manuel Rodríguez Guerra
Francisco Villa Rodrigo
Todos de la 6ª y 7ª Cias.

Si bien como digo, nuestro salto en Erkun contribuyó al final de la guerra de Ifni, tras ella,  quedaron 37 paracaidista muertos en acción de guerra y 80 heridos. Recibiendo la Agrupación de Banderas Paracaidista 3 Medallas Militares Individuales, 47 Medallas Militares Colectivas, 6 Cruces de Guerra y 82 Cruces Rojas.
En homenaje a todos mis compañeros caídos en Erkun.
La verdad es que rememorar a estas alturas aquellos acontecimientos, el corazón se encoge como un puño y solamente se acierta a decir:

¡VIVA ESPAÑA!¡VIVA LA BRIPAC!


viernes

Vídeos



Salto sobre Erkunt


Este es un vídeo que ha preparado el veterano paracaidista del Ejército de Tierra, del 12 curso y combatiente en la Guerra de Ifni de 1957/58, con motivo del aniversario del 2º salto en guerra efectuado sobre Erkunt.

Desertores

Escrito por:
Francisco Millán Reviriego y  publicado en la revista  AMARTE        
Es copia de la Web  "El Rincón de Sidi Ifni"

Capítulo VII Página 29

“En el mismo momento que comenzaron los tiros, comenzaron las deserciones de la tropa nativa, más que deserción fue deslealtad y traición, pasándose al bando rebelde.
Ante el temor de una huída masiva, el mando decidió apartar del servicio a la mayor parte de ellos. Esto, hasta cierto punto, es comprensible, porque ni fue la primera vez que el morito abandonaba nuestros ejércitos en la guerra de Ifni, ni será la última si tenemos que enfrentarnos al ejército marroquí.
Pero lo que no es comprensible, lo que no es lógico, lo que es una canallada, es que lo hiciesen también algunos españoles. El mando estaba sobre aviso de que se estaba intentando minar la moral de la tropa, y más concretamente de los paracaidistas.
“Noticias recibidas en este Estado Mayor Central señalan que el partido Istiglal ha hecho circular consignas entre la población indígena del territorio de Ifni, en las que escuetamente ordenan minar la salud moral y material de los paracaidistas. Precisan que la población indígena ha hecho caso de tales consignas y extreman sus atenciones con la tropa paracaidista, invitándoles a sus casas y procurando sus contactos, habiéndose registrado ya varios casos de fumadores de grifa entre la tropa de referencia”.
Parece ser que las llamadas a la deserción fueron escuchadas en algunos casos concretos, pues en un informe de la II Bandera sobre el estado del personal, al 15 de septiembre de 1957, se especifica claramente que ha habido seis deserciones, y lo más grave solía ser que dichos desertores acababan pasándose al enemigo como lo hicieran dos C.L.P. que se afiliaron al Ejército de Liberación  siendo destinados uno, a la guarnición de Anya y el otro a la de Buizacaren. Posteriormente hubo más deserciones en la Bandera de Paracaidistas. Esto, en un lenguaje que todos conocemos, no es una deserción, es una vileza, una traición.
Pero de todo esto, los españoles no se enteraban, como tampoco lógicamente, de la tragedia que estaba ocurriendo a muchos kilómetros de la metrópoli.
Se obtenía más información de lo que estaba pasando en Ifni sintonizando emisoras extranjeras como Radio París, la BBC, Radio Budapest, etc. que a su vez, eran informados por el portavoz del Istiglal, que a las emisoras españolas, con lo que, naturalmente, la información que recibían los sintonizadores de estas emisoras extranjeras era sesgada”.


Con todo mi respeto para el autor, debo señalar que los supuestos casos de deserciones en Ifni, si es que se dieron, se debieron dar también en otras unidades de nuestro Ejército y no solamente entre los Paracaidistas. Desertores pudo haberlos en la Legión; en Tiradores de Ifni; en el Regimiento Soria nº 9; etc. o en cualquier otra gloriosa unidad de combate donde sí que se dieron verdaderos héroes. Al menos durante mi estancia como combatiente en Ifni, yo nunca tuve noticias de esas deserciones de las que se habla.
Recuerdo eso sí, haber llevado varias veces en un talego mi ropa sucia para ser lavada en la casa de alguna familia indígena en el barrio moro de Ifni. Ese procedimiento era frecuentemente empleado por los “enlaces” para mantener aseados los uniformes de sus oficiales.  Dos días después se volvía a recoger la ropa limpia y planchada pagando unas 25 pesetas por el servicio y en ocasiones, a cambio de una generosa ración de azúcar de pilón en forma cónica como de bala de cañón que se vendía en las tiendas y que era muy apreciado por aquellas amas de casa. Otros compañeros se lavaban  ellos mismos la ropa en un lavadero existente en el acuartelamiento. En llegando un momento, se nos prohibió visitar aquella barriada.
Guardo en mi memoria muchas anécdotas más y algunas que no se deben contar, pero de deserciones entre paracaidistas que es lo que yo fui allí, nada de nada. Pudieran ser como dice el autor, noticias “sesgadas” difundidas por ejemplo por Radio París.
Puedo decir aquí que por aquel entonces y por razones políticas, yo tenía unos familiares en Oran (Argelia) y hasta ellos llegó la noticia de mi muerte, con mi nombre y apellidos. ¿Cómo supieron los moros que yo había caído herido en el monte Buyarifen?, misterio. Efectivamente, el servicio de información marroquí debía ser muy eficiente y con muy mala leche, pero en mi casa en Madrid ya estaban informados de mi accidente a través del teniente de mi sección D. José Galera, ya fallecido.

Al cabo de algún tiempo, tuve que contestar por carta a mis familiares franceses que yo seguía vivo.

martes

Los recuerdos de Josep Ferrándiz García


A diferencia de Josep María Contijoch, que aterrizó en Ifni por cortesía del servicio militar, Josep Ferrándiz García (Barcelona, 1935) llegó al territorio a principios de 1957 con la Segunda Bandera Paracaidista, la Roger de Lauria.
 Se había enrolado en agosto del año anterior, atraído por la aventura y por los vistosos uniformes que vestían los veteranos del cuerpo, y con la idea de esquivar el destino -montaña en Jaca- que le había tocado en el sorteo de quintos.
 Una repentina enfermedad paterna lo obligó a regresar a casa justo en noviembre de 1957, a pocos días de estallar la revuelta: se ahorró la invasión y las operaciones iniciales. Su compañía, la 7a, formaba el grueso de la desgraciada columna de Ortiz de Zárate y protagonizó el 29 de noviembre la Operación Pañuelo, el primer salto de guerra del paracaidismo español, sobre la posición de Tiliuin: "Me habría tocado, seguro", dice Ferrándiz.
 Regresó a Ifni a mediados de diciembre, a tiempo para participar en febrero de 1958 en la Operación Pegaso, la reocupación temporal de los fuertes de Tabelcut y Erkun, una maniobra de distracción para evitar que el Ejército de Liberación trasladara parte de sus efectivos al Sáhara. Ferrándiz ganó en Ifni una Cruz Roja al mérito militar por evacuar desde el frente a un camarada herido. El resto de la guerra lo pasó en misiones de protección de los convoyes que llevaban pertrechos y provisiones al perímetro defensivo de Sidi Ifni, y estacionado en Buyarifen, estratégica posición al norte de la capital:
 "Dormíamos al raso, y por las noches salíamos a hostigar a los moros", recuerda. 
"La invasión fue para nosotros una sorpresa. Había habido incidentes en el interior, pero en Sidi Ifni las cosas estaban tranquilas. No se nos permitía entrar en los cafés moros, por precaución, pero sí que pululábamos por el zoco. Armados, por supuesto, porque de aquella gente nunca llegué a fiarme. 
Todo era 'Paisa, yo amigo', 'Paisa, yo he servido con Franco'... Demasiado amigos, la verdad".
Tras la guerra siguió un período de guarnición: instrucción, saltos, marchas y guardias en los puntos estratégicos de la capital: aeropuerto, depósito de agua, central eléctrica...
 Como se licenció en 1959, todavía tuvo tiempo de desfilar el 1 de abril de 1958, Día de la Victoria, por el paseo de la Castellana: "Fue el primer día que vimos un Cetme".

-¿Por qué se enroló en los paracaidistas? ¿Tradición militar, quizás?

-En absoluto. Tenía 21 años y tenía que hacer la mili. Incluso me habían sorteado. Me había tocado montaña, creo que Jaca. En fin, que un día, paseando por las Ramblas, me crucé con un soldado que llevaba un uniforme flamante: todo verde y la boina negra. Me llamó tanto la atención que lo abordé: "Soy paracaidista en Alcalá de Henares", me contó. "Si quieres apuntarte, hay un banderín de enganche aquí mismo". Se refería al gobierno militar, que está al final de las Ramblas. Y para allí me fui, sin pensármelo dos veces. Y en agosto de 1956 estaba en Alcalá. Tenía 21 años.

-¿Cómo se había ganado la vida hasta entonces?

-En un taller de marroquinería donde fabricábamos bolsos y maletas de cuero. La instrucción la impartían en Alcantarilla, Murcia, donde se encontraba la escuela de paracaidistas, que había abierto en 1954; nosotros casi estrenamos las instalaciones. El artífice fue el comandante Pallás Sierra, que procedía de la Legión -como la mayoría de los primeros paracaidistas. 

-¿En qué consistía la instrucción?

-El ejercicio básico consistía en saltar desde la torreta, que era lo que su nombre indica, una torre metálica desde la que tenías que lanzarte como si llevaras puesto el paracaídas. Te dejaba sin respiración y las primeras veces impresionaba de verdad. Sólo cuando dominabas este ejercicio te permitían saltar desde el aire. Superado el cursillo te daban el roquisqui, el emblema de la bandera, unas alas con el paracaídas desplegado en el cuerpo central. Todavía lo llevamos en la americana.

-¿Había muchos catalanes, en los paracaidistas?

-Muchos. Y la mayoría éramos civiles, aunque claro, también había muchos legionarios: Ortiz de Zárate, que era mi teniente; el capitán Sánchez Duque, el también teniente Calvo Goñi...

-¿Cuántos años permaneció en el ejército?

-Tres: me licencié en agosto de 1959. Llegué a Barcelona y claro, no me apetecía reincorporarme a mi antiguo oficio, así que a través de un conocido de mi padre que trabajaba en el Banco de Bilbao ingrese en el banco, donde me quedé hasta la jubilación.

-¿Cómo y cuándo llegó a Ifni?

-Yo pertenecía a la 7a compañía de la Segunda Bandera Paracaidista, la Roger de Lauria. Al mando estaban el capitán Sánchez Duque y el comandante Pallás Sierra. Llegamos al territorio meses antes de que estallase la guerra; debió ser hacia enero de 1957. Así que cuando la cosa se puso fea ya éramos unos veteranos. Habíamos estado de guarnición en gran parte de los fortines de interior. Al capitán lo apreciábamos, a pesar de que venía de la Legión y había estado en la División Azul. Era un tipo de una pieza, como Dios manda: duro y estricto, pero un padre para nosotros.

-¿Cuál era la rutina diaria prebélica?

-Instrucción y saltos. Recuerdo una marcha a pie casi hasta la frontera con Mauritania, y un salto sobre Tiliuin. Con el calor que hacía nos habíamos terminado el agua de la cantimploras mucho antes de llegar e íbamos cayendo como moscas. El capitán mandó venir a los camiones desde Sidi Ifni para recoger a los que no podían continuar. Y la bautizó como la marcha de los hombres lechuga.

-La invasión del 23 de noviembre, ¿dónde lo sorprendió?

-Dio la casualidad de que pocos días antes el teniente García Andrés, el Bigotes, me hizo llamar: resultó que habían recibido un telegrama desde Barcelona, y que mi padre estaba muy enfermo. El caso es que me dieron permiso para ir, 45 días, aunque la cosa se estaba poniendo fea y se veía venir que habría jaleo. Tuve que espavilar para encontrar vuelo: le expliqué el caso a un capitán que estaba a punto de despegar con su Heinkel hacia las Palmas, y me hizo un hueco... ¡en el depósito de las bombas! Y me puso una condición: que levara conmigo mi paracaídas.

-Así que se perdió la guerra, como Cómodo cuando llega a Germania...
-Una vez en Barcelona vi que mi padre estaba grave, pero como no se podía hacer nada me volví al cabo de unos días: de Barcelona a Sevilla, de Sevilla a Málaga y de Málaga a las Palmas. Ya había empezado el follón y allí es donde me enteré de que habían caído el teniente López de Zárate y el cabo primero Civera Comeche, compañeros míos. Si no hubiera ido a Barcelona hubiera estado en esa misma acción, porque fue mi compañía a la que ordenaron socorrer a los sitiados de Tiliuin. Después de la emboscada pudieron refugiarse en el fuerte, y fue allí donde Sánchez uque dirigió el primer salto de combate del paracaidismo español. Me perdí las dos acciones, pero no la guerra: como no consumí todos los días de permiso, llegué a tiempo de ver a Carmen Sevilla y a Gila.

-¿En qué operaciones participó?

-Sobre todo, convoys para llevar pertrechos y alimentos a los que combatían en primera línea. En uno de ellos estalló una mina justo después de pasar mi camión. Dieron al que iba detrás de nosotros, y resultaron heridos un teniente y un soldado. También tomamos parte en el salto sobre Erkun, el segundo de la guerra y de la historia de los paracaidistas, en la Operación Pegaso.

-Recuerde esa acción.

-Lo pasamos realmente mal. Los que estuvimos en el fregado fuimos la 6a Bandera de la Legión, un tabor de Tiradores y las dos banderas paracaidistas. Se trataba de limpiar los reductos que quedaban. La Primera Bandera tenía que saltar, y los otros avanzar por tierra. La Legión sufrió bastantes bajas. Iba al lado del capitán Sánchez Duque, y en un momento dado cayó herido un compañero que no era de mi compañía; debía ser de la 6a o de la 8a. El caso es que como no había ningún sanitario ni ningún mulo, el capitán me ordenó evacuar a aquel hombre. Yo solo. Tenía la sensación de que en cualquier momento aparecería un tío y nos dejaría secos de un tiro, pero no, tuvimos suerte y pudimos llegar a nuestras líneas. Una vez en Sidi Ifni, en el cuartel, cuando me quité el traje de faena tenía toda la espalda del mono empapada de sangre de aquel pobre tipo. Ya de vuelta a la Península, el capitán hizo una gestión y me concedieron la Cruz Roja al Mérito Militar. Debió de ser de las últimas, porque la Roja sólo se da en tiempos de guerra; en tiempos de paz es blanca.

-¿Hicieron prisioneros?

-Creo que sí, porque conservo fotografías del estado mayor en que se ve un grupo de hombres con chilaba, aunque al encargarme del herido perdí contacto con la compañía. Se los trataba correctamente, pero también le diré que en los primeros días, cuando empezó el sarao y se decretó el toque de queda, pobre del que pillábamos por la calle: se arriesgaba no diré que a un tiro, pero si a un buen palo.

-¿Y después de Erkun?

-Lo gordo ya se había terminado. Lo de después fueron simples escaramuzas. Estuvimos una semana por la parte de Buyarifen, durmiendo al raso, sin tiendas de campaña ni nada; por la noches hostigábamos al enemigo. Existe una fotografía donde se nos ve hechos unos zorros, más sucios que la tiña, después de una semana sin agua: sirvió de portada para Guerra de Ifni: las banderas paracaidistas, el libro de Alfredo Bosque Coma. Luego, rutina: vigilancia del aeropuerto, del depósito de agua y de la central eléctrica.

-Para los que estaban en Ifni antes del 23 de noviembre, la guerra, ¿se veía venir?
-La verdad es que los meses anteriores hubo mucha calma. Si que tuvimos el incidente de Igurramen: el 16 de agosto la 6a, la 7a y la 10a compañía salimos de marcha hacia Mesti, y al llegar a cierta colina desde lo alto nos atacaron con fuego de ametralladora. Fueron los primeros tiros Ifni, que yo sepa; no sé si en Cabo Juby ya habían tenido algún encontronazo. En las calles de Sidi Ifni se respiraba una calma por lo menos aparente; no entrábamos en los cafetines porque no lo teníamos permitido, pero sí en el zoco. Aunque no iban armados, no nos acabábamos de fiar. Lo cierto es que se te acercaban y todo era: "Yo, amigo, yo he servido con Franco, yo no sé qué..." Todos eran muy amigos. Demasiado, incluso. Nunca me gustaron.

-Pero la invasión, ¿se veía venir? ¿O los cogió desprevenidos?

-A mí me dejó de piedra. Nunca me lo había imaginado. Y por lo que parece hubo un chivatazo, que si no, nos cogen en pelotas.

-¿Se quedó en Ifni, tras la guerra?

-En abril de 1958 fuimos a Madrid para el desfile de la Victoria. Nos dieron una semana de permiso y a la vuelta al cuartel, en Alcalá, el teniente coronel Crespo del Castillo nos comunicó que algunos de nosotros se quedarían en la Península y otros volverían a Las Palmas. A mí me toco Las Palmas. Me quedé en las Reollas hasta que me licencié, en 1959.

-¿Por qué se licenció?

-Había visto suficientes desgracias.

-¿Qué opinión le merece el equipo con el que combatió el ejército español en Ifni? Se dice que hubo soldados que calzaban alpargatas de esparto.

-Quizás en la Legión. Nosotros, seguro que no, porque usábamos las botas de salto reglamentarias; la de paseo era una bota de lona, con suela de goma, muy práctica. Nada de alpargatas.

-Pero, ¿vio usted a legionarios con alpargatas?

-No lo recuerdo; quizás en el Sáhara.

-¿Y las armas? ¿Usaban todavía el Máuser?

-El Máuser no era mal rifle, el arma personal del, 7,92 milímetros... Pero era un Máuser. La ametralladora era una buena arma, y del subfusil, creo que era el Z45, lo que fallaba era el culatín; luego estaban las granadas de mano, que eran de baquelita. El problema es que los americanos sostenían que como aquella era una guerra colonial no podíamos utilizar su armamento, mucho más moderno. Lo único de origen yanqui que usábamos era el casco.

-¿Llegó a ver desplegado el Cetme?

-Nos lo repartieron en el desfile de la Victoria, pero no llegamos a disparar jamás un tiro.

-La sensación que tenían, ¿era que estaban bien entrenados y bien pertrechados?
-Creo que sí. Y tanto los mandos como los soldados estuvieron a la altura. Por lo menos, los paracaidistas. Porque yo he visto a legionarios desertar.

-¿Echó de menos algún tipo de armamento?

-Los Heinkel nos fueron de mucha utilidad, pero creo que fue el último día en Erkun, precisamente, que nos bombardearon... ¡a nosotros! Conservo una espoleta que me quedé como recuerdo. Y luego estaba el Canarias, que pegaba unos zambombazos tremendo y tenías el resquemor de que le hubieran dado las coordenadas erróneas y el pepinazo cayera sobre nosotros.

-¿Cuántos saltos realizó?

-Diecinueve.

-¿Algún recuerdo especial de Ortiz de Zárate?

-La 7a compañía de la Segunda Bandera, que era la nuestra, fue de las que más sufrió, aunque todos los paracaidistas tuvimos bajas. Él era un hombre espléndido, que venía de familia de militares. Recuerdo una guardia, yo estaba en la puerta del cuartel y oigo que me llaman: "Ferrándiz, ven un momento". Era Ortiz de Zárate. Entro y me encuentro en la mesa dos botellas de Rioja y dos vasos. "Tómate unos vinos conmigo, me invitó. Un hombre exquisito, diferente.

-Desde que regresó del permiso para ir a ver a su padre enfermo, ¿volvió a la Península en alguna otra ocasión?

-Los permisos se acabaron con la guerra. Estábamos en Ifni como quien dice arrestados.

[Esta entrevista se publicó extractada el 1 de junio de 2007 en el semanario Presència]