jueves

Ataque de envidia.


Hoy estoy muy lejos de hablar de algún episodio de la guerra de Ifni.
Resulta que hace casi un año que sufrí un ataque de envidia severo, del que todavía no me he sobrepuesto.
Hace casi un año que nos dejó un amigo mío al que yo siempre tuve en gran aprecio, aunque  si lo miro con serenidad, no nos parecíamos mucho. Es más, se pudiera decir que éramos bastante diferentes, pero fuimos buenos amigos.
Él era casi un año mayor que yo, pero nacimos ambos en el 1938 en plena guerra civil donde nuestros padres ignoro si estaban en el mismo bando.  
Él encontró un trabajo de delineante, diferente a sus inquietudes literarias, mientras que yo me buscaba la vida en otros trabajos técnicos para finalmente terminar siendo militar en una ignorada guerra en África.
Él, aunque escribía para sí mismo, recibió el premio Lope de Vega en 1969,  mientras que yo, lo poco que escribo, lo publico en mi blog siempre que tengo ocasión pero sin aspirar a nada.
Él tuvo dos hijos y un nieto, mientras que yo soy padre de cinco hijos y tengo cinco nietos.
Él era de naturaleza pacífica, y yo más bien todo lo contrario.
Él falleció el día doce de enero y yo, que cumplo hoy setenta y cuatro años y por eso escribo esta entrada a 15 de noviembre, todavía sigo  vivo.
A él, sus hijos seguidores de su trayectoria literaria, le han dedicado un homenaje póstumo publicando en formato de libro, un cuaderno en el que estaban anotados sus escritos y un cuento titulado “El Nieto y otros relatos”, pero en mi caso, creo que ninguno de mis hijos se ha interesado nunca por mis escritos ni por mi blog.
¿Es o no es razón suficiente para sufrir un ataque de envidia por mi amigo Diego Salvador Blanes?