viernes

La guerra de Ifni no se olvida.

Los escritos que publico en mi blog "CACHOS DE VIDA" le han sugerido al escritor F. Antolín Hernández una excelente novela  sobre la guerra olvidada de Sidi Ifni, y que dedica a los pocos ex combatientes que aún quedamos  vivos. El prólogo y el epílogo son de mi autoría. El autor de la obra hace una breve reseña de mi vida, además de una personal, amable y bonita dedicatoria de su puño y letra.

Lo ideal sería poder presentar la novela en Don Benito o en alguna otra población de Extremadura y que alguna librería colaborara en su distribución y venta.



 PRÓLOGO
De las trincheras al cine y del cine a las trincheras. Viejos camiones cargados de soldados. Soldados pobres con caras de hambre, surgidos de la tierra que abre el pico y la pala. Sacados de aquellos cerros de peligros, penalidades y miseria, con andrajosos uniformes de trabajo y de combate. Y por turnos, conducidos y vigilados como prisioneros, nos metieron en el cine Avenida de Sidi Ifni para que viésemos “El último Cuplé”.  Obligada proyección, con centinelas en las puertas para evitar fugas. Terminada la función y en ordenada formación,  montamos de nuevo en los camiones de regreso a las posiciones donde estaba la guerra. Con fronteras de minas y alambradas para detener al rebelde enemigo con turbante,  aunque no las  balas, ni tampoco silenciar los ruidos que producen las armas.

Y la figura y la interpretación de Sara Montiel, fue para nosotros el regalo de aquellas navidades del 57. No hubo NO-DO, ni prensa, ni fotos. Una tropa tan fea y mal vestida  no podía transmitir una imagen de normalidad en el territorio del África Occidental Española.

Sin embargo, por aquellos días se comentaba que en el pueblo hubo un gran despliegue de artistas llegados de la península, música, baile, palmas, humor…, y muchos periodistas y cámaras que fotografiaron para la prensa, entre otros, el cuerpo y la gracia de la actriz y cantante Carmen Sevilla, rodeada por la  tropa guapa que había sido seleccionada para tal acontecimiento. Dándose así la mejor imagen del ejército, de sus mandos y de los artistas invitados.

Pasadas unas semanas, nuestro conocimiento de la fiesta fue ampliado con las cartas de la familia y la información y las fotos de las revistas que las madrinas de guerra nos mandaban desde la península.

¡Tan cerca de la noticia y tan mal informados!

Mientras queden los recuerdos, existió la guerra de Sidi Ifni. Aunque fue una contienda silenciada, y los que participamos  en ella, los grandes olvidados. Ni siquiera en los momentos de más homenajes y reconocimientos en el ejército, hubo un recuerdo para los pocos veteranos excombatientes que aún quedamos vivos después de cincuenta y muchos años. También entre nosotros hubo héroes y buenos soldados, además de muertos y discapacitados.

Para la memoria, parece que lo más importante que ocurrió en Sidi Ifni  las navidades del 57, fue la actuación de conocidos artistas de la farándula española.


Diego Sánchez Cordero
Soldado del Regimiento Soria 9


Recordando a un amigo


Se ha cumplido ya un año de  la marcha de un buen amigo creador de un blog titulado CARICACHISPA.
Descanse en paz.




Otros recuerdos

Por Adolfo Cano Ruiz
Tiradores de Ifni IV Tabor 23 CIA. 1957-58


OTROS RECUERDOS…….. 
Era sobre la primera semana de diciembre de 1957. Estábamos en la montaña desde el primer día del conflicto, ya se había establecido una primera línea “provisional” y aunque todo era muy duro, parecía que había una cierta relajación en lo de combatir. Seguían esas guardias de dos horas, (dormir dos horas, guardia dos horas)
que cuando te tocaba sustituir a los centinelas avanzados a 50 m. fuera de primera línea, se tenía que hacer con cierta cautela, porque el agotamiento hacía que alguno, aun con el miedo ante aquella peligrosa soledad, se quedase dormido con el dedo en el gatillo y cuado llegabas sigiloso al relevo, en su despertar, te pegaba un tiro que tenías que evitar.

Éramos pocos para cubrir mucha línea. Por ese tiempo, vino una bandera de la Legión que vimos con alegría desde la montaña como entraban, con ese marcial paso de legionario, hasta el acuartelamiento de Tiradores, Posteriormente nos dimos cuenta que la mayoría eran reclutas.
(Seguramente por la urgencia de mandar tropa de refuerzo).

Era…sobre la primera semana de diciembre. Se nos acercó el sargento ( la 23 compañía del IV Tabor de Tiradores, el sargento creo recodar que se llamaba Otero) pidiendo voluntarios para bajar al pueblo y aunque uno sabia aquello de “voluntario ni a una paella”, el salir, aunque fuese un rato de aquella horrorosa posición, me hizo dar el paso al frente. Sin saberlo, se estaba organizando la operación Netol para liberar el puesto avanzado de T´Zelata. Nos bajaron en un camión hasta las caballerizas, allí nos asignaron un mulo a cada uno cargado con armamento pesado al que había de subir al puesto de mando en la montaña.

Yo sabía que existían los mulos, pero nunca había visto uno de cerca, menos aun hacerme cargo de él y conducirlo hasta el puesto de mando. Mejor me hubiera quedado pues aquello para mí fue muy “jodido”.

Se habló de que algunos se dieron un tiro en un dedo del pie para salir de allí (por el número, hizo sospechar al mando militar que investigaron) y que al tal sargento Otero, lo mató un centinela al no dar el santo y seña.

Salimos al día siguiente muy de mañana, nos dieron la guarnición completa, una cantimplora de agua, una lata de sardinas, otra de carne, unos botines de tela con suela de esparto, la guarnición completa eran 20 ó 25 Kg. a la espalda y adelante. Nos dijeron que íbamos a liberar a nuestros compañeros sitiados. Se formó una columna de rescate importante, no recuerdo cuántos y quienes, pero sí que venía el comandante cura de Tiradores y cuando nos disparaban los moros y la columna se resguardaba, él quedaba alguna vez de pie gritando ¡Cerdos! ¡Cabrones!.
La resistencia del cuerpo humano es, en muchos casos desconocida y también los cambios de mentalidad ante el llamado espíritu de supervivencia, donde uno mata hasta con rabia y un cierto contento de no haber sido él. Los 20kg., cargados a la espalda, se convirtieron a la primera hora de marcha en una carga insoportable, pero ocurría que cuando sonaban los “pacos” (se decía así por el sonido del disparo, “PAM” cuando te disparaban y “CUM” cuando pasaba por encima de la cabeza. Las balas peores eran las rebotadas que sonaban como “abejorros” y hacían mucho destrozo) desaparecía el cansancio y con gran agilidad se buscaba uno un sitio para atrincherarse hasta que se limpiaba la zona por la compañía de vanguardia o retaguardia. 
Recuerdo algo, que dentro de mi propia batalla por eliminar de mi mente aquel pasado por higiene mental, no conseguí borrarlo. Es algo que, aun hoy, conservo aquella visión. Fue en camino a T´Zelata, una sección de mi compañía tenía que eliminar un emboscado, que en una cueva ya había herido mortalmente a uno de los nuestros y tenía a toda la columna parada.
Un pelotón (en el que iba yo) consiguió acercarse por un lateral y tiramos al interior de aquella cueva, bombas de mano (calculamos 9 bombas de mano). Cuando entramos la visión fue dantesca, pero lo que mas perdura en mi mente, es que había un macuto con un pan salpicado de sangre, nos lo repartimos entre los tres que entramos y lo comimos sin limpiar y con avaricia, para que no nos vieran los demás. No recuerdo bien si esto ocurrió al ir o al volver, pero sí que llevábamos casi dos días sin comer, que estábamos hambrientos, agotados, embrutecidos.
Nunca he encontrado la respuesta, otra, de que el individuo debe sufrir en ciertos momentos y en situaciones determinadas una cierta metamorfosis, contribuyendo a ello supongo, unos elementos como la adrenalina y las endorfinas del propio organismo, ya que uno, tiempo después no se reconoce.



domingo

El día de las Fuerzas Armadas


2 Junio 12 - - Alfonso Ussía
Ayer fue el Día de las Fuerzas Armadas, de nuestros militares. Hay que estar con ellos. Nos dan ejemplo diario. 
El Consejo de Ministros ha concedido, al fin, la Cruz Laureada de San Fernando a los héroes del Regimiento de Alcántara 14 de Caballería. Murieron en el campo de batalla por proteger a las tropas españolas en el repliegue desde Annual al Monte Arruit 28 de sus 32 oficiales y 523 de sus 685 soldados. Han pasado 92 años desde aquello, pero en los militares la gloria no se pide y siempre espera. Yo, personalmente, les debo todo. Se dice que la educación de los jóvenes se distribuye entre la familia y el colegio. Los que tuvimos la suerte de hacer el Servicio Militar, y, en mi caso, en el más bajo grado de la escala militar, el de recluta mondo y lirondo, tenemos que añadir al beneficio de nuestra formación, nuestra época de soldados. Los que no conocen ni quieren conocer a los militares se ríen de estos sentimientos de gratitud. En la vida se aplican toda suerte de enseñanzas aprendidas en los campamentos y los cuarteles. El honor de la verdad, el respeto a los demás, la disciplina, la puntualidad, la cortesía, el triunfo sobre la abulia y el cumplimiento del deber. No recuerdo cómo se monta un mosquetón o un CETME. 
Pero todo lo anterior, lo que comprende el comportamiento personal ante las circunstancias de la vida, es el premio que mi memoria guarda de mi paso por la Mili. 
El militar, de tierra, mar o aire, cumple con su deber todos los días por tierra, por mar y por aire. En muchas ocasiones en lejanos destinos. Asistimos escandalizados a las cantidades que perciben los consejeros de los bancos por sentarse en torno a una mesa, y lo que es más inconcebible, lo que perciben por hacerlo mal y marcharse. Esta crisis es la consecuencia de la avaricia de unos pocos y de la nefasta administración de los recursos del Estado. El Estado no es nuestra Patria, sino nuestro administrador. Nuestra Patria es España, que ampara por igual a todos los españoles, incluidos los que no quieren serlo. Y no se respira amor más profundo a España a cambio de nada que entre los militares. No presumen de ello. Mueren por nuestra paz. Se sacrifican por todos sus compatriotas. Y mientras el consejero que ha colaborado en la quiebra de una empresa se marcha a casa con el bolsillo rebosado y caliente, un teniente general de Tierra o Aire o un Almirante de la Armada se jubila después de décadas al servicio de España con una pensión tan medida como modesta, más modesta que medida. Pero saben que eso es así porque ellos han elegido el camino de la renuncia a las comodidades, con la ayuda siempre de esas militares impresionantes, magníficas y valientes que son sus mujeres, y de esos hijos que, conociendo las privaciones, no dudan en seguir el ejemplo de sus padres y, en caso contrario, no dejan de sentir el orgullo que sus padres han depositado en sus escalas de valores. Y no me olvido de las mujeres que visten uniforme, cada año y cada promoción más numerosas, que han disipado con holgura todas las dudas que despertaron cuando se incorporaron a la carrera de las Armas. Y todo por nada. Por amor a España y por su convicción de que, sirviendo a los españoles, cumplen con su vocación, su juramento y su destino. Eso sí, riquezas materiales, pocas. 
La grandeza de la Guardia Civil, el respeto y cariño que se han ganado sus componentes a través de los años, tiene mucho que ver con el carácter militar de la Institución. Sacrificio, trabajo, honradez y justicia. Asignaturas militares que se aprenden con los ejemplos y no se estudian en los libros de texto. Asignaturas aprobadas que no olvidamos los que hemos tenido la fortuna de haber disfrutado, y sufrido, el cumplimiento de los deberes y de los derechos. El Servicio Militar ha sido para centenares de miles de españoles su mejor escuela. Y para muchos también, su mejor entorno familiar. Todo a fuerza de dureza, de soportar las inclemencias del tiempo, de no preguntarse el motivo de las órdenes y también de aprovechar todos los conductos cuando las injusticias, que las hay como en todas partes, herían la sensibilidad de los más débiles. Un militar puede equivocarse, pero nunca ser injusto en el trato. Eso, la cortesía que tanto nos asombró encontrar y aprender cuando llegamos al campamento. 
A todos los militares y guardias civiles que cumplen servicio en lugares lejanos y no reciben ni el menor signo de afecto de quienes nos beneficiamos de su sacrificio. A todos los hombres y mujeres patriotas y honestos que dedican su vida al servicio de España con abnegación, discreción, prudencia y paciencia. Pasan las generaciones y quedan los valores y principios. A todos ellos, mi gratitud infinita. Me enseñaron a no mentir a mi verdad, que no tiene que ser la verdad con mayúscula, pero que es la mía y libre. Me enseñaron a no dejarme llevar por la comodidad cuando había de enfrentarme a las incomodidades. Me enseñaron a no ser un cobarde que se traga sus palabras y pasa por alto injusticias y ambigüedades. Me enseñaron a ser educado y cortés con quien ocupa los espacios más necesitados de la sociedad. Y lo hicieron siendo educados y corteses conmigo, cuando yo era parte, como recluta en el CIR 16, de lo más parecido a casi nada que se puede ser. Y, sobre todo, y esto también me viene de familia, me enseñaron a amar a España con pasión, a defenderla siempre, a no tolerar afrentas ni desprecios a su Bandera y su Himno y, en la actualidad, a ser leal al Rey por encima de bobadas y maledicencias.
Me enseñaron a saber que la Bandera no es un símbolo, y menos un «trapo», como dicen los cretinos. La Bandera somos todos. La Bandera son nuestras vidas y las vidas de los que vienen detrás. Y también nuestras muertes. Desde que la instituyera Carlos III para la Armada y pasara a ser la Bandera de todos, con excepción del efímero paso de la tricolor republicana, la Bandera es la misma. Han cambiado sus escudos, no sus colores. El día de mi Jura, yo juré amor y lealtad a esos colores y a esa Bandera. No por obligación castrense. Por convicción absoluta y emocionada. Y reitero mi convicción y mi emoción. En el día de los que mejor la defienden y guardan. De los que nos enriquecen con su ejemplo sin enriquecerse ellos. Los hombres y mujeres honrados de España. Sus militares.

jueves

El novio de la muerte



Por Manuel P. Villatoro (ABC)

«Nadie en el Tercio sabía, quién era aquel Legionario, tan audaz y temerario…». Estos son los primeros versos del «Novio de la muerte», una popular sintonía que, durante décadas, ha representado a uno de los cuerpos de élite del ejército español: la Legión. Sin embargo, lo que ha pasado desapercibido a lo largo de la Historia es que esta música, cantada por los legionarios españoles desde hace casi 100 años en todo tipo de sangrientas contiendas, era originariamente un tema que nació para interpretarse en cafés cantantes y cabarets y que, posteriormente, fue adaptada al ámbito castrense.


Corría por entonces el año 1920, una época dura para España, pues la Guerra del Rif se llevaba consigo a una gran cantidad de soldados bisoños (novatos, por así decirlo) enviados desde la Península. Tal era la sangría de tropas que el rey, basándose en la idea de un militar llamado José Millán-Astray, se vio obligado a crear el denominado «Tercio de extranjeros», una unidad cuyo campo de batalla sería exclusivamente el norte de Marruecos y que recibiría un entrenamiento específico para adaptarse a las duras condiciones del territorio.

Los objetivos de esta unidad, hoy casi centenaria, estaban claros: darse de fusilazos contra los marroquíes en el norte de África con valentía y arrojo y, a su vez, convertirse en una fuerza de choque que combatiera siempre en primera línea -el lugar de mayor riesgo en cualquier batalla-. Sin embargo, lo que no se sabía por entonces es que, con la creación de este grupo operativo, se acababa de poner el germen de lo que, en un futuro no muy lejano, sería la Legión española.

Una esperanzada exigencia para 2017.


Con lo fácil que sería hacer las cosas bien, si se tuviese voluntad de hacerlo. Pero qué va.

¿Qué trabajo le costaría a nuestro Gobierno rendir un merecido homenaje a todos los excombatientes de la Guerra de Ifni-Sahara, que esperan un reconocimiento a nivel nacional para todos aquellos que en 2017, hace 60 años, prestaron un servicio extraordinario a la Patria?. 

Para más información:

http://veteranosdeifni.blogspot.com.es/ 

Este es el blog de un veterano que cada día se levanta echando mano del arma de que dispone para recordar al Gobierno español que no se olvide de los soldados que combatieron en la Guerra de Ifni-Sahara de 1957/58

Lo que exigen los excombatientes y las asociaciones que los representan, es que se les reconozca públicamente el sufrimiento que padecieron en una guerra que no sirvió para nada.

Simplemente se trata de dignificar a aquellos soldados voluntarios y de reemplazo, que lo pasaron muy mal hasta el año 1969 en que Ifni dejó de ser español.

En otros países de nuestro entorno no olvidan nunca las acciones militares que realizan sus compatriotas para hacer grande a su nación, como por ejemplo Francia, que en París, en el Arco del Triunfo figuran todas las batallas en las que el ejército francés tomó parte, luchando con dignidad, aunque perdieran, como es el caso de la batalla de Bailén; porque lo verdaderamente importante, es que los compatriotas contemporáneos y futuros, sepan que su Ejército, en aquella batalla, luchó con dignidad y muchos de ellos murieron.

Es lógico desear que la sociedad debe recordar los sacrificios que les toca hacer por su patria a los compatriotas en determinados momentos y que muchos de ellos caen en el combate para hacer grande, fuerte y respetado a nuestro país en el concierto internacional.
Esto suele ser olvidado por los gobernantes en el devenir diario, con el silencio de los altos mandos de las Fuerzas Armadas.

Se pretende recordar aquí a quienes rindieron su vida por España, y también a quienes fueron heridos, desaparecidos o hechos prisioneros. Y también, a todos los que realizaron el servicio militar, tanto obligatorio como voluntario, durante los años 1957 al 1969. 

¡España, no olvides nunca a los que combaten y mueren por ti!





martes

La idiosincrasia del pueblo español

Lo vengo meditando durante los últimos años. Incluso me he quemado las pestañas leyendo y releyendo relatos e historias de las guerras en que ha participado España, hasta descubrir, debido a nuestra idiosincrasia, lo que de verdad le interesa conocer a la inmensa mayoría del pueblo español.

 Todo arranca de la particular idiosincrasia del pueblo español, que se abrocha el cinturón de seguridad, solo por evitar la multa………, y para qué contar más. 

 Veamos otra cuestión: ¿cuál es el tema del que los españoles desean hablar siempre, en cualquier momento? 
- De política; del paro; del fútbol, y de poco más….., y de nosotros mismos. 

Y hablando de guerras, el joven pueblo español de la que más sabe es de la Segunda Guerra Mundial.  
Pero de nuestras guerras de África donde cayeron miles de soldados, y en particular de la guerra de Ifni, nuestra última guerra colonial, el joven pueblo español lo ignora todo.

 En general, el pueblo español sabe algo del Día D, de lo de salvar al soldado Ryan, de lo de Normandía, Stalingrado, Pearl Harbour, Hiroshima y Nagasaki, de cámaras de gas, etc., y la razón se debe a que los americanos o los ingleses han filmado cientos de películas sobre estos temas. A cambio no hay ni una sola película seria sobre la guerra de Ifni. Ni se ha escrito una miniserie para la primera de televisión. No hay un miserable reportaje de difusión nacional. En definitiva, no hay nada.

 A muchos españoles incluidos los más jóvenes, a quienes les interesa mucho más estar bien informados de donde se celebrará el próximo botellón que recibir una lección de historia para no repetirla, quizá les puedan sonar los nombres de Hitler, Churchill, Eisenhower, Mussolini, Rommel, Montgomery o incluso del  francés De Gaulle que poco participó en la segunda guerra.

 En cambio, si les preguntas por la Guerra de Ifni de 1957/58, y por los nombres de Ortiz de Zárate, Zamalloa, Pedrosa, Sánchez Duque, Torres Martínez, López Andión, Cano Ruiz, J.L.G. Vicente, Conejo López, y de un larguísimo listado hasta cubrir los más de diez mil españoles combatientes, con peor o mejor fortuna, siendo muchos de ellos vecinos o conocidos de sus mayores, responderán de verdad que de ninguno de ellos tienen una puta idea.

Solamente a alguien, medianamente informado del total del pueblo español, quizá el nombre de Ifni le suene de algo, como muy lejano, pero que no alcanza a recordar muy bien de qué.

 Y yo me pregunto: ¿por qué el pueblo español ignora todo sobre la Guerra de Ifni?

 -Sin lugar a dudas es debido a la idiosincrasia, pero esta vez de los gobiernos del, en general,  ignorante pueblo español.