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Paraca de por vida




Para la conmemoración del 54 aniversario del lanzamiento sobre la cabila de Erkun durante la guerra de Ifni-Sahara de 1957/58, se ha publicado en un diario de Logroño una entrevista que le hizo un periodista a mi compañero de fatigas José Luís González Vicente.
Una vez más, los periodistas tienden a tergiversar las palabras de sus invitados por el afán personal de hacer resaltar sus propias ideas sobre la veracidad de un hecho. Como ejemplo, en el titular de uno de los artículos, señala el periodista unas palabras que nunca podría haber dicho este veterano paracaidista. Así se publica en grandes letras: “NOS LANZARON SOBRE ERKUN SIN HABER PEGADO UN SOLO TIRO”.
¡Eso es rotundamente falso! ya que todo el que se ha querido informar ha sabido que la unidad paracaidista, la 1ª Cía. de la Iª Bandera a la que pertenecía José Luís, para el día 19 de febrero en que realizamos el primer salto en guerra, ya llevábamos sobre nuestras botas muchos kilómetros de marchas y de confrontación con el enemigo para la liberación de poblados españoles, como quedaría reflejado en los partes de guerra de las diferentes operaciones realizadas. Para entonces, ya habíamos sufrido así mismo, la tristeza de recuperar los cadáveres de muchos compañeros nuestros a base de abrirnos paso entrecruzando disparos con el enemigo.
Dicho esto, trataré de incluir aquí y con el permiso de José Luís, algunos retazos del artículo en cuestión, aderezado con algunas fotografías del momento que esas no mienten aunque se las pueden dar diferentes interpretaciones. Por ejemplo la fotografía en que Carmencita Sevilla, aparece rodeada de un nutrido grupo de militares, o de aquella otra en la que el protagonista del artículo se recupera en el Hospital Militar de Las Palmas de Gran Canaria.
José Luís no quiere entrar en polémica y señala que solamente los que estuvimos allí sabemos en verdad lo que pasó.

La entrevista.

A José Luís González Vicente, lo que verdaderamente le gustaba era el campo. Nacido en Alfaro hace ahora 75 años, creció entre las tierras fértiles de la ribera del Ebro, entre cultivos y conservas. Desde niño aprendió lo dura que es la labranza, aunque también vio en sus frutos su medio de vida.
-¿Cómo entró usted en la Brigada Paracaidista?
-Yo había estudiado para capataz mecánico agrícola y ya tenía varias ofertas de empleo en mi pueblo. Pero como les ocurría a los jóvenes de entonces, antes de ponerme a trabajar tenía que quitarme cuanto antes el servicio militar. En 1957 me fui a Barcelona con la intención de regresar a casa lo antes posible…
-¿Y…?
-Pues que me enamoré. Paseando por Barcelona vi un cartel que llamaba a alistarse como voluntario. “Eso es lo que yo quiero ser” me dije a mí mismo. Dicho y hecho. En pocos días ya estaba en Alcalá de Henares.
-Entonces se convierte en caballero paracaidista.
-¡Ojo! No tan rápido. Para ser caballero paracaidista tenías que realizar seis saltos en Alcantarilla. Del primero, apenas me entré por los nervios. A partir del segundo, cuando comienzas a dominar la situación, ya es otra cosa. Volví a Alcalá y todo vino muy rápido.
-Del campo alfareño a una guerra perdida en África.
-Un día tocaron generala en el cuartel, nos dieron un mosquetón Mauser, doscientas balas y comida fría para dos días, que eran sino una lata de sardinas y otra de carne, y nos enviaron en un avión desde Getafe.
-¿Qué sensación tuvo?
-De acojono, con perdón. Fue un golpe muy duro, sobre todo desde el punto de vista psicológico. Nos llevaron como conejillos de Indias. Nos habían dicho que una vez nombrados caballeros paracaidistas, tendríamos unas semanas de permiso….Y tres días después estábamos en medio de una guerra sin haber pegado un tiro en nuestra vida.
-Pese a ello, usted fue uno de los privilegiados que saltaron en Erkun.
-Sin duda. Todos teníamos miedo porque no sabíamos qué nos íbamos a encontrar abajo. Saltamos a sólo 250 metros de altitud. Fue visto y no visto. Apenas diez segundos. Sin embargo el salto en Erkun es el único realizado por el Ejército español en acto de guerra, y de estoy muy orgulloso. El 19 de febrero se cumplen 54 años.
- Incluso, desde uno de los barcos se poetizó el salto.
-“El cielo se cubrió de decenas de de blancas rosas de seda que descendían del azul”, dijeron desde uno de los barcos que, antes, había bombardeado Erkun.
-Existe la leyenda urbana de que los marroquíes les disparaban desde tierra.
-¡Qué va! Corrían como podían. Apenas pegamos cuatro tiros, una vez que nos reagrupamos. Aunque lo que más me impresionó fue el silencio que se hizo al caer la noche cuando estábamos apostados en los alrededores de Erkun.
-¿Ha vuelto a Ifni?
En el 2005. Tuve una semana agridulce. Por un lado, las gentes de allá a los españoles nos recuerdan con cariño; incluso, cuando quieren protestar contra alguna medida de Rabat, sacan la bandera española para darles en los morros. Pero, por el otro, ves que la iglesia de Sidi-Ifni, la capital, la han convertido en los juzgados y te da pena cómo las autoridades entregaron la colonia a Hasan II. Es un honor ser paracaidista; me ha ayudado mucho en la vida.