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El Internado en 1944


Nací el 15 de Noviembre de 1938 en plena guerra Civil.

Pude haber ido a nacer en Hellín, de la provincia de Albacete, pero mi madre decidió volverse a Madrid de donde éramos todos desde hacía varias generaciones. Una vez en Madrid, la guerra continuaba con crudeza. No así en  Hellín, a donde se habían trasladado a vivir al amparo de las gestiones de un pariente republicano muy influyente.
En Madrid y por el hueco de la escalera de nuestra casa y donde nací según era la costumbre, cayó una bomba dos días después y que no explosionó porque no tocaba el que toda la familia pereciera en aquel instante.

Y terminó la guerra al año siguiente, y mi padre se libró de ser detenido a pesar de haber permanecido en el bando republicano en una unidad de preparación de planos y coordinadas para el ejército que perdió la guerra.
Mi padre era delineante y falleció en 1942 a consecuencia de una complicación pulmonar que no se pudo combatir porque la penicilina todavía tardaría aún dos años en aparecer en España.
D. Ángel, el médico de familia, solamente pudo recetar unas anticuadas cataplasmas de anís o mijo para aliviar los resfriados.
Mi madre se quedó viuda a los 42 años de edad y con dos hijos, mi hermana y yo, a los que había que mantener con los precarios medios de la posguerra española.
Mi tío Alfonso, marido de mi tía Emilia hermana de mi madre, y como exalumno que era del Colegio Municipal de San Ildefonso de Madrid, entonces solo para huérfanos de padre, intervino para que yo pudiese acceder en 1944 a ser incorporado a ese colegio de indudable prestigio.


No solamente éramos los encargados de cantar los números de la lotería nacional que así se celebraba todas las semanas además del de la Navidad, sino que también se impartían clases de música con instrumentos y con voces escogidas en el coro de la capilla. También el maestro Afrodisio nos daba lecciones de esgrima. Primero con palos y después con los trajes y caretas adecuados y también con floretes de verdad para intervenir en algunos actos oficiales. El maestro Afrodisio había sido el profesor de esgrima del Rey Alfonso XIII hasta su marcha a Italia.
Se trataba entonces de un internado exclusivo para niños varones, huérfanos.
Para la película “Pequeñeces” del año de 1950 contando yo con unos once años edad, nos llevaron a todos nosotros, uniformados con el traje de gala, a unos estudios de cine donde intervinimos en una secuencia junto al ya por entonces niño actor Carlos Larrañaga.
Con mis 12 años recién cumplidos, mi madre contrajo nuevas nupcias  y yo hube de abandonar aquel colegio de tan gratos recuerdos, para continuar mis estudios en otro colegio mucho más modesto del barrio de Embajadores.