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La futura Historia de España.

Un artículo de D. Antonio Díaz Bautista.  (Fallecido en enero de 2013)


Cuando se estaba hablando de la reforma del Estatuto catalán y las cosas del señor Mas---el que se pensaba que no debía aprobarse desde Madrid---, me eché una noche en la cama sin muchas ganas de dormir, y me tuve que levantar para ver si leyendo algo, me llegaba el sueño. Para ese fin cogí uno de mis libros favoritos: un viejo libro de “La Historia de España”. 
Y releyéndole por enésima vez, por fin me llegó el sueño. Y soñé. Baya si soñé.
No sé cómo, pero yo me encontraba en el salón se mi casa con Juvencio, un gato muy inteligente que tengo. 
Lo cierto es que Juvencio, entre ronroneos, me estaba diciendo muy claramente, que él, metido a profeta, ya sabía lo que iba a suceder dentro de poco tiempo en este país. 
 Según él, las actuales comunidades autónomas acabarían convirtiéndose en naciones, y, aún dentro de ellas, se separarían las provincias y después las comarcas, hasta formarse una constelación de minúsculos países, casi siempre peleados unos con otros.
 Me anunciaba en mi sueño el gato Juvencio, que, aprovechando la debilidad producida por tal fragmentación, nos conquistarían los musulmanes (que antes ya habrían llegado a miles en cayucos hasta nuestras costas tras un efecto llamada socialero meterse hasta la cocina) y con muy mala leche. 
 Y riéndose el muy ladino de Juvencio, me decía que las feministas no podrían ni salir de sus casas para asistir a alguna manifestación acorde con sus idearios.
Pero me decía el gato Juvencio que cree que después de todo, y cuando pasen otros más de mil años, lentamente todo se iría arreglando porque siempre habría algún príncipe de sangre real (igual se llamaría Pelayo), que se haría fuerte en Asturias e iniciaría de nuevo otra Reconquista. Cuando ésta concluyera, afirma el gato sabio, que sólo habría dos grandes comunidades autonómicas: una en el Este hacia el Mediterráneo y otra que comprendería el Sur, las dos mesetas y los territorios atlánticos y cantábricos. 
Entonces, se casarían el presidente de una de las comunidades y la presidenta de la otra, o los dos presidentes o las dos presidentas, lo cual sería posible según una antigua ley de comienzos del siglo XXI. De este modo se lograría la unidad nacional y surgiría de ella un nuevo estado que se llamaría España II. 
Ante tan peregrinas como infundadas previsiones, me desperté con un sobresalto y entonces desapareció de la escena el gato Juvencio que me estaba haciendo imposible un sueño tranquilo. Claro que bien pensado, si ese gato existiese en realidad, lo mejor sería que le matriculase en un centro docente para gatos que le garantizara como a los niños de ahora, el que no se tenga en el futuro ningún conocimiento sobre temas históricos. 

No se nos puede dejar solos........